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martes, 12 de febrero de 2008

jueves, 3 de enero de 2008

El TP que pidió Trerotola




Hiroshima Mon Amour (Alain Resnais, 1959)

Empecemos por un simple ejercicio. Tomemos un destornillador. Miremos al destornillador que tenemos entre manos. Repitamos el nombre del objeto en voz alta: “destornillador” “destornillador” “destornillador” “destornillador”. Hagamos una pausa para respirar y sigamos: “destornillador” “destornillador” y así con el continuo repetir nos convenceremos del inmenso absurdo que se esconde en el uso habitual de referenciar mediante lo arbitrario de la palabra. Más engorroso aun se torna cuando “el objeto” a referenciar no es tangible, ni mucho menos, universalmente definible a no ser en un frágil sentimiento de certeza personal e interior.

Caeremos en cuanta que el fonema no es autosuficiente sin el aval cultural metalingüístico que estamos sometidos en el vivir diario.

Esto pareciera ser que Resnais lo sabe. Probablemente creció repitiendo una y otra vez el ejercicio del destornillador.

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Podría suponerse el funcionamiento de la memoria, análogo al principio de incertidumbre de Heinserberg (donde no podemos determinar con exactitud el movimiento y la posición de un electrón, ya que saber mas de lo uno nos resta exactitud en lo otro), donde intentamos indagar en profundidad un recuerdo que consideremos inicialmente seguro, se tornará dudoso e irreconocible.

Los protagonistas de Hiroshima Mon Amour no tienen nombre, son Ella y Él, y a lo largo de film demuestran su extrañeza ante los únicos nombres propios que se nombran. Hiroshima, (Hi – ro – shi – ma), Nevers, (Ne – vers). Separando en silabas, tal vez, como un último intento desesperado, de separar para comprender, de dotar de sentido a la estructura.

Sin dudas el referente escapa de significación, porque al receptor le esta vedada la experiencia original, la que verdaderamente “marco la piel”, la que hace que para Ella decir “Nevers” sea disímil al “Nevers”, si se quiere fonéticamente igual al pronunciado por Él.

Hay experiencias que son intransmisibles, por lo menos en una forma óptima.
¿Cómo hacer creer a una futura generación de la veracidad de una masacre del calibre de Hiroshima? ¿Cómo mostrar un fílmico de las consecuencias monstruosas de la bomba nuclear (Personas sin ojos, un nene pelado y con cara de viejo, las deformes mutaciones) y convencer que no son un efecto más, otro nuevo recurso de esta industria del cine? ¿ Cómo ilegitimizar la historia valiéndonos de las herramientas que el cine dispone?

Es bien sabida la interpretación literal de Adorno sobre la imposibilidad y la barbarie de hacer poesía después de Auschwitz. (obviamente que este “hacer poesía” se transfiere al resto de las artes). Lo que realmente quiso decir Adorno (se retracto años mas tarde de esa idea de no representar) fue que lo peor que puede pasarle al Holocausto es que se lo tamice a la luz de los mecanismos de representación mediáticos, ya que lo único que lograrían es su banalización.

El critico cultural, Andreas Huyssen, sostiene que si Auschwitz se sustrae a toda representación unívoca que busque establecer un sentido, el acontecimiento Auschwitz sigue necesitando de una multiplicidad de representaciones si de mantener viva su memoria se trata. Porque nunca existe una forma única del recuerdo. Lo que es más que probable es que la problemática de la representación se resuelva en la comparación de discursos diferentes, antes que en las teorías académicas acerca de la no-representación.
Además Huyssen también lo aclara. La irreprensentabilidad siempre constituyó un motor en vez de un obstáculo a la representación estética, así que la irrepresentabilidad del Holocausto debe adjudicarse a cuestiones que van mucho mas allá de la política y de lo estético.

Remitiéndonos a la película, en esa especie de monologo introductorio escuchamos a Ella refiriéndose a su visita al museo de Hiroshima: “La ilusión es sencillamente tan perfecta que los turistas lloran....¿Pero qué puede hacer un turista si no es llorar?” Pregunto: ¿Acaso no es el cine un museo cuando se propone reconstruir el pasado, persiguiendo esa ilusión perfecta para el espectador? ¿Qué papel le queda relegado al espectador? ¿Sólo llorar?

Resnais es el primero en cuestionar. En ese sentido pretende ser su primer espectador. Ella es actriz y esta en Hiroshima filmando una película pacifista. De esta manera, sutil, introduce las cámaras del cine revisadas por las mismas cámaras en el lugar de los hechos (como gran simbolismo de cuestionamiento absoluto, podemos ver a un actor que esta siendo maquillado para parecer severamente afectado por la radiación, a gente congregada para recrear un manifestación, que paradójicamente trunca su motor original que es la espontaneidad).

Ahora bien, cual es este “lugar de los hechos” para una cámara. La cámara de Resnais se mueve en el universo de lo atemporal, no respeta la linealidad del tiempo, ni mucho menos la narrativa. De este principio nace lo subjetivo, la historia que nos va a contar cobija miles de posibles historias.

Es interesante notar que esta atemporalidad, esta fragmentación en el tiempo, no solo se desdobla en cuestión de imagen (de intercalar el romance vivido por Ella durante la guerra en Nevers con el romance actual en Hiroshima) sino que también se logra en materia de sonido. Por ejemplo, en una de las escenas ellos conversan en la habitación del “hotel”[1] mientras del exterior llegan ruidos de motos que no arrancan alternándose con campanazos de iglesia. En el plano siguiente vemos que salen del hotel y efectivamente en la profundidad de campo vemos a las motos merodeando (sostiene el concepto de verosímil). De lo que no hay vestigios es del origen, la fuente de esos campanazos. Minutos mas adelante Ella recordará el día en que Nevers fue liberado. Dirá: “Las campanas de la iglesia St. Etienne sonaban...”. Así podemos concluir que bajo este mecanismo de reemplazo, funciona la película a la perfección. También lo podemos notar cuando están en la casa de Él, el teléfono suena insistentemente y nadie lo menciona siquiera haciendo un gesto que denote una actitud de molestia o de haber tomado la decisión de no atender. Parecería que ese sonido no esta realmente presente en ese momento, en ese lugar.

Otro ejemplo: cuando Ella relata el momento que encuentra a su amado muerto, dice recordar que sonaba la Marsellesa, y que la situación era ensordecedora, pero sin embargo, para el espectador solo hay silencio. Acá la disgregación, la desintonia da un paso más. No es ya solo dentro de la película que se desdobla para entremezclarse, si no que reincide en este sentido al interactuar con un tercero. Es imposible recrear tal cual la experiencia, luchamos contra fuerzas más poderosas. El olvido. El recuerdo.

Plano: manos que se desangran rascando paredes de un sótano húmedo. Manos que van directo a la boca. Ese sabor debe recrear el espectador en su boca. De ese plano de manos sangrando a las manos cuidadas de la actriz en el bar. Siempre un objeto del presente claro, remite a uno del pasado, difuso, borroneado por el tiempo. Llenos de salitre dice, y vemos a Ella lamiendo la pared, ese es el gusto que debe recrear, ahora el espectador en su boca.

La idea posmodernista historiográfica niega la posibilidad de reconstruir el pasado ya que los documentos no son pruebas reales de lo sucedido sino discurso y representaciones. Así, el pasado se reconstruye a partir de un presente perfecto personal y la idea tradicional -esa de la unidireccionalidad del pasado como generador inevitable para llegar al presente- queda trunca.

La película comienza fundiendo planos de corta duración, donde vemos los cuerpos de los amantes, desde un primer momento, cubiertos de ceniza y con el consecuente avanzar de los fundidos, como estos se limpian.
Resnais utiliza el fundido entre planos para dar noción de lo actual, del tiempo que avanza y no deja lugar a determinar, a discriminar esto de aquello (esa idea de que el paso del tiempo borra las heridas…). Por el contrario, los cortes abruptos los usa como recurso de recuerdo, así intermitentes y arbitrarios (capaces de surgir en el medio de la contemplación amorosa, cuando ella ve la mano de él que esta tendido en su cama e inmediatamente vemos la imagen de pasado amante Alemán, muerto en la guerra).

Se vale de travelings para acompañar el monologo que nos cuenta la visita al museo. El hierro fundido, las pieles, las piedras quemadas, todo pasa a la velocidad, al paso del visitante. La voz en off tiene un peso especifico y no solo es la encargada de marcar el ritmo de los planos que se alternan, si no que pareciera que es la encargada de generar la imagen (y a la reciproca, por momentos parece ser que la imagen genera la voz)

Luego, otro traveling, que también entra en el juego de la dualidad. Suponemos que vamos en una especie de auto por las calles y en el trayecto de repente nos encontramos avanzando sobre las vías de lo que parece ser un tranvía. En el mismo movimiento, en el mismo trayecto, trasmutamos el vehículo, porque claro, es la lógica de la memoria que se permite con naturalidad esos pasos en falso.

Resnais se vale de planos fundidos en negro como herramienta para marcar las elipsis en el tiempo presente.

“No has visto nada, en Hiroshima” “Lo he visto todo”. Así nos recibe el hipnótico y contundente dialogo entre los dos amantes de la película de Resnasis, con la controversia del dialogo, la afirmación y la negación inmediata impregnada en un mismo grado de verdad, en un mismo tono. Pasa que entre los dos extremos, entre el todo y la nada, en ese terreno de polvo es donde se disputan protagonismo la memoria y el olvido. Es en ese terreno incomprendido racionalmente donde el individuo encuentra sus certezas (y usa la repetición como forma de querer recordar). Sus propias verdades innegables.

Para finalizar podría leerse la cita explicita que hace a la película Casablanca, siendo este el nombre del bar donde ser verán por última vez (o por primera, quien sabe…). Podría trazarse un paralelismo naif entre aquella película y esta, ya que en ambas hay una relación amorosa atravesada por las secuelas de la guerra.

En esta escena del bar, ya sentados en mesas separadas (como un primer intento de aceptar lo que les queda) se sucede una secuencia de planos y contraplanos, que marcan lo tenso de la situación. Dando a entender un dialogo de vital importancia que escapa al habla (así como unos minutos antes Él sentado en el banco de la estación intercambió unas palabras con una señora japonesa que quedan fuera del subtitulado y por lo tanto incompresibles para nosotros)

Personalmente, en Julio del 2006 tuve la oportunidad de visitar el museo del holocausto (Yad Vashem) que se encuentra en la ciudad de Jerusalem. Luego del recorrido me sentía tan perturbado que me dije, debo de tratar de registrar esto, de alguna forma. Trate de escribir, pero no podía. Como solución final de un posible registro de la experiencia, tome la cámara que tenía a mano y me saque una foto a mis propios ojos.


[1] De hecho entendemos que es un hotel solo porque leemos un cartel que dice “New Hiroshima Hotel”. Hecho poco convincente ya que en uno de los primeros planos, mientras Ella dice “ví el hospital” vemos el mismo pasillo que minutos después se resignificará como hotel. Para colmo de múltiples lecturas, Ella hace de enfermera en la película y sale vestida del hotel con su disfraz.
Esta es otra de las tantas pruebas de la propiedad de dualidad que goza la cámara de Resnais. También podría pensarse como atemporal el estado post Bomba nuclear donde se comienza una Reconstrucción de Hiroshima y dado el caso un ex hospital que en esta nueva ciudad se convierte en un hotel.

lunes, 16 de julio de 2007

Las mantenidas sin sueños


No sé que quiero decir cuando termino de ver la película. Tampoco sé lo que quiero ser cuando sea grande.

Tengo una sensación de angustia, esa que empiezan en un roce pequeño, comparable a la picazón y que se incrementa a medida que rascamos compulsivamente con las uñas.

Tengo veinticuatro años y deje la universidad, faltándome un año para terminar.

Desde un cómodo departamento en Almagro supongo que en un futuro puedo vivir en la mitad de un campo, sin luz, sin gas, cagando en la tierra y ser feliz sin el habitual calor de la cosmópolis. Supongo también otro futuro durmiendo en las plazas con la barba enredada por los talones. Otro en el que hijos de a pares me lloran como pichones pidiéndome alimento hasta hacerme sentir el fracaso como la materia prima de mi ser.

Ahora ya sangra un poco, pero la picazón no para. El futuro es la bola de nieve que cae de la punta del cerro. La mínima suposición se ve amplificada por la cantidad de datos albergados en la cabeza del pensante, del especulador.
Amplificada, interpolada, reconstruida en base a los miedos, a los ejemplos de la media en desgracia, al que va a ser. A las voces. “que sin un titulo no sos nada” “que sin el ingles no existís” “lo que realmente falta, son ingenieros” “hay que estar preparado para una competencia feroz”. A las películas.

Miré la película trasladándome de manera inconsciente. Un punzante mecanismo de mi cabeza de encajar mi realidad en la carne de los personajes. Es solo cuestión de hacer un collage de mi familia, cortarme por mi línea punteada de contorno, el de mis padres, mis abuelos y reemplazar. Después alterar un par de detalles inherentes al planteo “sociológico “ que flota como un iceberg.

Las mentiras.
Cuando fue que lo institucional paso a darle tanta tranquilidad a las madres.
Cuando fue que las madres empezaron a querer que sus hijos traigan títulos abalando un pasado, antes que la tangible felicidad certificando un presente.
Cuando fue que las madres de esas madres, decidieron sacrificar su presente en pos de una supuesta necesidad para su hija.
Las voces: “yo me rompo el culo para que vos estudies” “a mi nadie me regalo nada, sabes” “a mi la sicología no me gusta, me hace un agujero, lo hago solo por vos”
Las mentiras grandes y universales.
¿Cuando empezó todo esto? ¿Cuándo me toca elegir algo a mí?

¿Qué tan a fondo tengo clavado esto? ¿Cómo se permite un cuerpo “humano/carnal” semejante filtración de mensaje? ¿Porqué me siento con tanta tranquilidad luego de haber dejado de hacer algo que me pinchaba las entrañas y porqué me siento tan intranquilo cuando no tengo una planificación universitaria formando parte de mi rutina?

¿Me tendré que dar cuenta repitiendo?
(No existen fenómenos morales, solo la interpretación morales de los fenómenos)

jueves, 28 de junio de 2007

A la deriva....


Hace un par de semanas estando lo de mi prima, leí de una revista de esas que te reparten en el videoclub la sinopsis de la siguiente película:

Un crucero de fin de semana a bordo de un lujoso yate se convierte en una traumática experiencia para un grupo de ex compañeros de estudios quienes, al zambullirse todos en alta mar, olvidan desplegar la escalera lateral de mano para poder volver a subir a la embarcación. Así, lo que había empezado como un viaje de placer se convierte en una feroz lucha por sobrevivir.



Posibles a estrenar...



1) Pasión mortal: Un borrachin empedernido que luego de superar una dolorosa separación, se enamora de una víbora cascabel. Prometerá un cambio radical, todo en nombre del amor . Finalmente terminara descubriendo que la naturaleza es sabia.

2) Asesino a sueldo: Un matón llamado Richie decide organizar una huelga ya que considera su paga “poco dignificante”. Veremos una ronda de negociación en tiempo real, de 60 minutos durantes los cuales los asesinos a sueldo intentan llegar a un acuerdo con los altos jefes de las multinacionales. Primera en el genero del western sindical, asesino a sueldo nos sorprende con un apasionante final.

3) Mi pobre angelito: Un bache corpuscular hace tropezar al ángel Gabriel, causándole fractura expuesta de fémur. Inmediatamente pide ayuda a dios y no le da. El resto de la película podemos observar la obsesiva conducta de una madre sobre protectora.

4) En el nombre del padre. La joven Jakiee pretende vengar la muerte de sus antepasados, asesinados en una atentado cometido a un tren que se dirigía de Viena a Frankfurt. La macana es que detrás de este crimen hay peces gordos. Sin importarle nada Jakiee hace de tripas corazón y avanza a paso redoblado contra las huestes del mal, siempre implorando por lo bajo la ayuda de Hollywood.

5) Titanic: Un viejo marin. ya retirado y sumido en un considerable mundo lisérgico sale a dar una vuelta por el tigre pedaleando su bote. Casualmente encuentra un barco hundido. Comparando estructura y oxido flashea que encontró parte del Titanic. Luego de contarle el hallazgo a sus amigos, estos se abusan de su locura y le hacen creer que Telerman es el actor que interpreto las famosas películas de Robocop

6) El dia de la bestia: Marquitos cumple 10 años y ya se pisa las bolas. los pelos le tapan la cara y hasta su abuela no puede creer lo feo que es el chico. Igualmente, por una cuestión de formalidad y ética familiar, le terminan regalando el camioncito remolcador que tanto quería.

jueves, 21 de junio de 2007

El taxi de Martincito Scorsese

Siento, al momento, que no estoy en condiciones idóneas de ser puntilloso en detalles. Mi memoria es muy frágil y volátil. Por otro lado tengo la certeza que me encuentro en el estado optimo para escribir sobre la misma. Una intuición sensorial de igualdad de condiciones, de saber en cierta forma, de hacer la crónica desde el lugar de los hechos.

Partamos de una base.
Partamos de mi base: el principal y troncal problema que aborda la película es el problema comunicacional. y es sobre lo que quiero divagar. (Perdón si no procedo como lo indicado, pero nunca me gusto eso de desgajar la película en el hilo de la historia simple)

Roberto De Niro, el conductor del taxi es un ex combatiente de Vitnam, cargando a cuestas un ramillete de traumas, como ha de tener supongo, cualquier humano racional / pacifista luego de verse involucrado en la acción bélica. (y ojo, me llamo la atención yo mismo, el uso que le doy a la palabra “traumas”. Trauma evidente es el no poder dormir, otro, el comprar armas, el estar en posición de guardia constante, el mirarse mucho al espejo, etc.) (traumas para el espectador es igual a las pequeñas acciones que te hacen fruncir el ceño y convencerte que pese a moverse como los restantes, él, no se comporta normalmente).

Y pese a mí no experiencia, puedo intuir en unas pocas líneas como es el arribo post combate. Están los soldados que vuelven de la guerra y se los espera con pancartas (afortunados, ellos que vieron la guerra en un 29 pulgadas, tienen toda una vida de medallas por delante). Más familiares con pancartas. También las madres, preocupadas y agradeciendo al cielo, corriendo por la pista de aterrizaje con chalecos para combatir el frío del desembarco, o los doctores (que corren a la par) con chalecos de fuerza o jeringas. El mensaje civil implícito: Ir a una guerra es como hacer un viaje en el tiempo al pasado (no se debe tocar nada porque todo altera, no se debe traer nada en los bolsillos).

El que de verdad fue a la guerra.
El que de verdad metió mano y tomo cartas, y volvió, es el que esta condenado.
El incomprendido.
El que se queda sin referencia, sin marco.

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Como otra vía de escape de esta clasificación vaga de soldado retornado al punto de partida, encontramos el insomnio, que justamente pasa a ser su vida de sustento, ya que el no poder dormir, lo convierte en el optimo trabajador para su taxi nocturno (sumándole a esto la irritación y lo forzado de los diálogos que se generan en un taxi, como también las largas cuotas de silencio).

Maneja su taxi, y dentro de su lectura, el estar siempre atento resaltado, su andar aleatorio y casual en busca de clientes (la escoria humana que se ha acumulad en su ciudad) lo convierten ante su propia mirada en una especie de superhéroe. Es el seguir chapoteando en lo bélico (el trasfondo del mundo contemporáneo) solo que con otros códigos, ahora, en esta especie de aislamiento rodante, como forma indirecta y no intencional de discriminación. Cosa que pasa por una cuestión de costumbre (la guerra viene a ser como una catalizador abrupto de lo cotidiano, de generar una costumbre a muchos múltiplos temporales de lo que requerimos en la vida normal) y no por un hecho de diferencia basado en esas situaciones “traumáticas” que me sugiere la película. (sacadas estas de contextos, aisladas en trabajadores o en chicas simpáticas de minifalda, pierden todo su clásico potencial).

Que De Niro, queriendo galantear a una señorita, la invite como primera salida a un cine, no nos llama la atención. De hecho es lo que se acostumbra. La incomodidad surge cuando se da a conocer la temática de la película: una porno. Sin embargo sus intenciones (las de De Niro ) eran sinceras, naturales, de saber que el invitarla ofendería a la chica no lo hubiese hecho por nada del mundo. Porque hemos de pretender que un galán civil se enganche en degrade en un código, cuando fue obligado ( o tal vez por elección propia, quien sabe) a leer en los últimos veinte años mayúsculas intercaladas , un castellano punk(la noción de 20 justamente son lo menos años multiplicados por el factor arriba mencionado)

Aun así, hay que aceptarlo, nuestro personaje se mueve por la civilización nuevamente (motorizado con licencia de conductor), y su pasado de guerra debería contarse como una quincena de vacaciones.

Luego recuerdo como destellos, el intento autofrustrado de matar al político (que escenas anteriores había llevado en su propio coche), tal vez como un equivalente de poder de elección que nos da la democracia. Acto que a forma de fachada, (el voto) es el único elemento que conforma toda definición popular de democracia, y justamente nuestro personaje “disléxico” hace uso del derecho por sus medios (hasta tiene una mecánica especial de rieles donde monta su arma, para un disparo rápido).

Decir un “no” en una guerra es una onomatopeya monosilabico, corto, rápido, fulminante.. El dialogo con cafiolos, con colegas de taxis. Así el escueto diálogo durante todo el film.

La imagen: el dedo ensangrentado haciendo de cañón de pistola.

El dedo chorreando ya la sangre que esta del otro lado. No hay cartucho acá en mitad de falange, no es necesario un mecanismo férreo, no tenes que disparar lo concreto. Te secaron el lenguaje, hace tiempo que ya estas muerto.